Las formas contractuales se diversifican tanto en pequeñas empresas como en grandes multinacionales. A medida que la estructura del mercado laboral se transforma, el clásico contrato indefinido a tiempo completo pierde fuelle frente a las contrataciones a tiempo parcial, por obra y servicio o por cuenta propia.

A lo largo de este post veremos cómo valorar si nos conviene hacer un determinado tipo de contrato u otro y qué ventajas hemos de destacar para atraer el talento hacia este tipo de contrataciones. Pero antes, pongámonos en contexto.

¿Qué está ocurriendo?

España se sitúa en la vanguardia de esta tendencia; si en el segundo trimestre de 2016 la penetración del empleo temporal en la UE estaba en torno al 14,3%, en nuestro país superaba el 20%, según el informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo, elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Este mismo estudio destaca que en 2016 los porcentajes de empleo indefinido y temporal fueron del 90% y 10%, respectivamente. Por otro lado, según el mismo análisis, entre 2015 y 2016 el 22% de los empleos creados eran a tiempo parcial, lo que significa un crecimiento de 4 puntos en menos de dos años.

¿Qué pasa con los autónomos? Exactamente o mismo, el autoempleo lleva creciendo en España tres años consecutivos: en 2014 los autónomos constituían un 21%, porcentaje que ascendió 1,3 puntos en 2015. Esta dinámica supone una tendencia de recuperación a los niveles anteriores a la crisis de 2008, cuando se produjo un importante descenso.

Los orígenes

Distintas causas explican esta transformación del mercado laboral. Fundamentalmente se achaca a la recesión, el abaratamiento de la mano de obra y los cambios en la legislación. Sin embargo, desde una perspectiva empresarial, estas formas contractuales forman parte de una estrategia que tiene su origen en el propio entramado del mercado en que se inscribe.

Si hacemos una foto al tejido empresarial actual de España, encontramos que nada menos que el 99,88% de empresas son PYMES, un 95,8% microempresas de entre 0 y 9 empleados. Esto supone 3,4 puntos por encima de la estimación para el conjunto de la UE, según el Retrato de las PYME de 2015 elaborado por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

En un contexto de alta incertidumbre, como en el que conviven muchas empresas (no digamos las startups) la necesidad de contratar empleados eventuales crece mucho más deprisa que la de permanentes. En este sentido, y ante la incapacidad de afrontar una perspectiva de demanda a largo plazo, muchos empleadores optan por contrataciones por proyecto, a tiempo parcial y, cada vez más, por colaboraciones freelance.

Incluso en grandes compañías hay recruiters que abogan por reducir el riesgo de las primeras etapas de la relación con los empleados mediante contrataciones alternativas a la indefinida.

¿Y si dudo sobre la cantidad de trabajo y el nivel de desempeño exigido?

Ya sea porque la empresa se encuentra en una etapa incipiente, porque la demanda fluctúe demasiado o porque no contamos con la capacidad de anticipación suficiente, podemos encontrarnos en la disyuntiva de qué tipo de contratación ofrecemos.

Si no conseguimos unas previsiones claras, hemos de tomar muy en serio la posibilidad de contratar trabajadores por cuenta ajena. Los contratos por proyecto sólo exigen anticiparse al corto o medio plazo y siempre nos dan la opción de ofrecer a esa persona una incorporación a la plantilla (otra cosa es que quiera).

¿Hay algún problema? No necesariamente, este tipo de contrataciones puede (y debe) ser ventajoso para ambas partes. Sin embargo, hay ocasiones en que encontrar profesionales con el perfil requerido y dispuestos a incorporarse a un puesto con una duración determinada y en régimen de autónomo, puede presentar alguna complicación.

Por todo ello, para atraer el talento a este tipo de contrataciones es básico entender, tanto  el tipo de trabajo en particular como el contexto general en el que se mueven los trabajadores autónomos. Una vez tengas claro lo fundamental, hacer una oferta atractiva te costará menos.

Para entender en qué terreno nos movemos, vamos a ver unos cuantos aspectos que habrás valorar detenidamente:

1. Freelancers por elección

Algunos profesionales eligen trabajar por cuenta ajena, muchos de ellos inscritos en los sectores con más demanda: creativos, diseñadores, programadores y redactores son algunos de ellos.

Tenlo en cuenta porque constituyen una fuente de recursos muy valiosa para muchas compañías de cualquier tamaño. Su experiencia profesional en variedad de proyectos para distintas empresas y su versatilidad para moverse de un proyecto a otro constituyen un gran aliciente.

2. Flexibilidad espacio-temporal

Este tipo de profesionales puede trabajar desde cualquier punto y en cualquier momento. No es necesario que se adapten a una oficina y, en ocasiones, ni siquiera a un horario, siempre que cumplan con los objetivos fijados en tiempo y forma (atención al detalle crítico de establecer claramente unos objetivos).

Esto supone una ventaja indudable para el empleado por el ahorro de tiempo y dinero que conlleva, pero también una forma de salvar barreras en la captación del talento para el recruiter. Así, por ejemplo, puede trabajar en remoto desde otra provincia o desde otro país.

3. Diversificación de proyectos

La posibilidad de mover al freelancer de un proyecto a otro constituye una valiosa ventaja para la empresa, al tiempo que prolonga el tiempo de colaboración. Para muchos profesionales el cambio de proyecto también supone un incentivo, un reto profesional de cara a no caer en la monotonía, desarrollar nuevas destrezas, adquirir responsabilidades y mejorar su portfolio.

Empleado y empresa pueden retroalimentarse de esta colaboración, y así hemos de mostrarlo, como la oportunidad de hacer grandes cosas juntos y adquirir un estatus profesional superior.

4. Autonomía

La independencia del empleado en este tipo de proyectos es incontestable. Muchos profesionales que han trabajado como freelancers y cambian al trabajo por cuenta ajena tienen dificultades para adaptarse a la constante presencia de un manager que monitoriza sus movimientos a diario.

Este tipo de perfiles valoran su autonomía por encima de otros aspectos laborales. Es por esto que se hace imprescindible confiar en que serán capaces de organizarse sin necesidad de calcular su desempeño mucho más allá del resultado final. Obviamente, su responsable de proyecto tendrá que establecer unas guías de trabajo y mantener una comunicación fluida, pero no como un empleado corriente.

5. Curva de aprendizaje

La curva de aprendizaje siempre supone un alto coste y un riesgo, ante la posibilidad de que el profesional contratado abandone el puesto. Pues bien, otra de las grandes ventajas que que aportan los freelancers es que no necesita pasar por el período de entrenamiento.

Los trabajadores autónomos son inmediatamente productivos, saben para qué se les ha contratado y cuentan con los recursos y conocimientos suficientes como para desempeñar su cargo desde el primer día.

6. Exclusividad

La mayoría de freelancers trabajan en distintos proyectos, muchos incluso los compaginan con otros personales y tienen su portfolio en constante circulación para poder concatenar trabajos. Lo cual significa que si pretendes que un freelancer trabaje para ti en exclusiva, muy probablemente te veas en apuros. Esto situaría al autónomo en una posición de desventaja: cuando termine el proyecto tendrá que buscar otro, como cualquier empleado por cuenta ajena, pero sin sus beneficios.

Ahora nos gustaría saber tu opinión. ¿Desde tu experiencia, has notado diferencias en los tipos de contratación de los últimos tiempos? ¿Te parece que la contratación freelance es una solución viable para cualquier tipo de puesto? ¡Cuéntanos!